Tuesday, February 5, 2013

Para los que ya no están...

Hace poco leí el siguiente comentario: “las letanías, ¡vaya manera de alimentar el ego a ese dios egoísta!” –en realidad la frase era distinta, pero ése era el mensaje-. No pude sin más reaccionar y pensar que en efecto las letanías y muchas otros signos de la religión católica llevan a esta desacertada opinión. Tan poca razón tiene el que se expresa de este modo, como aquél que las profesa sin llegar a entender la espiritualidad que hay en ellas.

Los signos en la religión han de conducir hacia la comunicación con Dios. Vistos desde una perspectiva racional únicamente, muchos de ellos no son más que mecanismos irracionales y carentes de sentido, que trasladados hacia la dimensión humana no muestran a un Dios bueno sino a un dios egocéntrico o castigador. Parte de la responsabilidad recae sobre la misma Iglesia que al no comunicar eficazmente el verdadero mensaje de Jesucristo, se ha llenado de reglas -que ya no son signos- que atan al ser humano a una camisa de fuerza.

Muchos feligreses de corazón bueno han preferido apartarse del camino de la Iglesia y otros tantos de corazón duro se han incorporado, para estos últimos cumplir las reglas simplemente no ha representado un problema. La espiritualidad, que era el principal mensaje de Jesucristo se ha escondido entre reglas necias: no hagas esto o aquello que es pecado. Pero abstenerse de hacerlas tampoco hace a una persona buena y hacerlo con justa causa tampoco la convierte en una persona mala y hacer algo distinto de lo exigido buscando la espiritualidad, la hace una persona incluso más buena.

Que si decides no ayunar, no vives bien la semana santa, que si se tienen relaciones prematrimoniales se es impuro, que si no santificas las fiestas no cumples uno de los mandamientos. A pesar de que parezca lo opuesto, estoy de acuerdo con todas estas reglas, pero no por las razones que se suelen sostener. Si ayunas, que sea porque aquello te hace sentir más a Jesucristo y vivir de cerca la carencia material y cuando no lo hagas que sea porque has encontrado una forma mejor de hacer sacrificio; que si no tienes relaciones prematrimoniales que no sea porque aquello te hace más puro o te libra de la impureza, sino porque quieres hacer un sacrificio de espera y aprender a controlar los deseos; que si no rezas el rosario o las letanías, que sea porque oras; que si faltas a la Eucaristía que sea porque has preferido echarle una mano a alguien. Éstas son sólo unas cuantas interpretaciones que podrían ser el camino a la espiritualidad para algunos, aunque no para todos. Buscar la espiritualidad es un llamado de todos a través de las reglas que fuesen. Lo importante es llegar al mismo fin: a la perfección personal al servicio de los demás.

Los símbolos que la Iglesia nos da deben ser instrumentos que nos transformen en seres espirituales, carentes de egoísmos, que nos eleve hacia una perfección que profese el bien. Si los signos que la Iglesia nos ha enseñado -y aquí particularmente insisto que no nos exige- no funcionan para nosotros, entonces que sirvan al menos como recordatorio para vivir la espiritualidad. Si las letanías nos resultan tediosas, es porque no son nuestro camino a la espiritualidad, pero si vemos en ellas a un dios egoísta, es porque nos hemos quedado en el nivel humano, las hemos comprendido con la mente y no con el corazón.

Esto va para los que ya no están y pudiendo regresar, quisieran vivir la espiritualidad de verdad: vivir la religión es entender qué es lo que cada símbolo espera de nosotros y buscar en otros símbolos la espiritualidad que nos hace falta.