Thursday, May 23, 2013

Huelen debido a razones fuera de su voluntad


(En respuesta a ¿Por qué huelen?).

Este es un tema que ya he discutido antes en Guayaquil, en donde por el calor, los malos olores llegan a ser “inevitables”. Y precisamente en este predicado, es en donde se fijan las discusiones, ¿realmente es inevitable? Para mí, lo es y cada vez que me topo con un caso así, opto por pensar con caridad, y no por una razón cristiana sino porque pensar con caridad es lo razonable en estas situaciones.

Se debe reconocer, sin embargo, que últimamente se viven tiempos raros. Hay gente que no se lava la cabeza por meses para hacerse rastras, y hay otros que eructan en lugares públicos, sin que parezca ser un problema de salud. El primero es un caso de superioridad (soy distinto y soy mejor, mira mis rastras) y el segundo uno de sometimiento (tú me aguantas porque me aguantas). Sin embargo, no veo como la superioridad o el sometimiento se pueden lograr sólo a punta del mal olor.

Salvo casos muy excepcionales, el mal olor es percibido por el que lo posee y por lo tanto resulta auto-perturbante. No creo que alguien pueda escoger oler mal porque le resulta agradable, sin embargo, suponiendo que éste fuese el caso y que el mal olor varíe en función de olfatos, entonces si variara, ¡más razón para respetarlo! En algún lugar leí que hay razas que tienen “olores” peculiares. No creo que esto sea cierto, pero si lo fuera, hay que respetar. Precisamente si yo percibo de ellos un olor peculiar, debe ser también porque ellos perciben en mí un olor también peculiar. El mal olor es por regla general universal, y si se cree que el otro escoge oler mal, es entonces porque es relativo y si lo fuese, se debe aplicar la caridad.

Que alguien sepa que tiene mal olor, no hace que devenga automáticamente en un acto realizado para amargarnos la existencia. Si alguien huele mal, ¿por qué despreciarlo? ¿sólo porque su olor no nos gusta? Llegar a este punto es tan vil como el que eructa en lugares públicos para someternos a aguantarlo; en ambos está implícito una especie de un "yo superior": tu olor lo desprecio, mis deseos te los aguantas.

Es una pena que cada vez nos volvemos menos tolerantes con aquellos que no son nuestros estándares y le atribuimos a la gente, la intención de amargarnos la vida. No es que esté en defensa del mal aseo, pero me parece muy fuerte no darle el beneficio de la duda: si huele mal, debe tener un problema. Creemos que la gente va por el mundo imponiéndose y no nos damos cuenta que también nosotros nos imponemos cuando producto de nuestro mal carácter, queremos llamarlo: “cerdo infame y bestia inmunda”.