Que si vives en el norte, hace poco sentido regresar al sur…
Si todo está hecho en el norte, ¡qué más hacer! La vejez refleja la vida vivida, no esperes servicio, si no fue lo que diste.
Que entre más larga se hace la espera, más breve el sacrificio…
El sacrificio es hacer de la espera interminable. La mía fue larga, pero lo importante es que ha acabado, ahora llega su disfrute.
Que es mal negocio trabajar menos cuando la inversión ha sido costosa…
Creo que el mal negocio es buscar recuperar la inversión en la calle a cambio de dinero. Si la educación es lo que nos hace libres, por qué buscar esclavizarse. Que esto no se malentienda, el trabajo también nos hace libres, pero no hay motivo para despreciar las labores más nobles, que ahora sólo están dispuestas para unos pocos.
Que en poco tiempo, sólo habrá poco del tiempo…
Si el tiempo no es para ser copado, entonces para qué… qué se me cope y enteramente, pero que los gestos y las palabras de amor nunca falten.
Que el placer del sueño se irá para no volver…
Cuánto disfruto madrugar, despertarme con el gorjeo de los pájaros, respirar el aire fresco de la mañana, abrir los ojos y ver a quienes amas descansar en el silencio del amanecer. ¡Para qué dormir más si el sueño le resta las horas más bellas al día!
Y no sé qué confusiones más se dirán…
Lo cierto es que hace mucho no escogía la mejor parte y ahora me la he llevado toda y completa.
Wednesday, April 16, 2014
Sunday, March 23, 2014
Las tentaciones
Hay mucho que admirar de la vida de Jesús, aún sin ser cristiano. Su condición divina y humana lo vuelve tan cercano a nosotros y un ejemplo imitable en nuestras vidas. En varios pasajes de los Evangelios se puede ver algunas tentaciones que experimentó, aunque a diferencia de las demás historias humanas en la Biblia, Jesús no cayó en ninguna de ellas.
Podemos comenzar con el tradicional pasaje de las tentaciones en el desierto, en donde se resalta su condición humana, cuando luego de pasar 40 días sin comer ni beber, sintió hambre. En este pasaje se pueden identificar dos tipos de tentaciones (posiblemente esta clasificación sea algo superficial, sólo proviene de reflexiones personales): primero, las que se presentan cuando todo está bien en tu vida, por así decir, la caída en la tentación sólo mejoraría mi condición actual, que es además buena; y, la segunda, las que se presentan cuando la situación que se vive es difícil, de modo que la caída en la tentación aliviaría directamente mi sufrimiento actual. La primera tentación que Jesús experimente es de este segundo tipo, pues al convertirse las piedras en pan, su hambre se saciaría. Las dos tentaciones siguientes, sólo mejorarían la situación actual de Jesús, darían testimonio de que Él es el Hijo de Dios y le darían poder en la tierra. Del texto bíblico de Mateo 4 y Lucas 4 se deja entrever que éstas no representaban verdaderamente tentaciones para Jesús, la ambición o el poder no estaban en lo absoluto en su plan de vida. Aquí la primera diferencia entre Jesús y los hombres.
Luego más adelante en los Evangelios, se puede ver que Jesús vuelve a ser tentado, pero no se deja caer en ninguna de ellas. Del primer tipo de tentación, es decir, de aquellas que sólo podrían mejorar la condición actual que de por sí es buena, se puede resaltar: cuando sus opositores le piden milagros para creer en Él (Mateo 12, 38); cuando Jesús huye al monte para evitar que lo proclamen rey (Juan 6, 15); cuando sus hermanos le insisten en que dé a conocer las maravillas que hace (Juan 7, 3); cuando los discípulos le piden que se cuide de la Pasión (Mateo 16, 22 y Marcos 8, 33). Nuevamente, del texto bíblico es posible inferir que éstas no representaban verdaderas tentaciones para Jesús, al contrario producen en Él un rechazo inmediato. Para Jesús, el reconocimiento público y la admiración sin fe no le interesaban.
A partir de la Pasión de Jesús se puede identificar el segundo tipo de tentación, aquellas que pueden aliviar la situación de sufrimiento que experimenta Jesús. En ellas se revela de un lado, su condición humana y de otro, su santidad. Jesús siente hambre, tristeza, dolor, miedo, pero ninguno de estos estados lo conduce a caer en la tentación.
Su primera tentación, es la agonía en Getsemaní en donde Jesús se llena de temor y angustia, siente además tristeza de la muerte, pero logra vencer estos estados pronunciando una hermosa oración: Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya (Marcos 14, 32-36; Lucas 22, 39-44).
La segunda tentación ocurre inmediatamente después de su agonía en Getsemaní, cuando concurre Judas y la gente con espadas y palos a tomarlo prisionero y Simón Pedro lo defiende hiriendo a uno de esos hombres con una espada, pero Jesús rechaza esta reacción. Si vemos esta escena y la anterior en su conjunto podemos ver el sufrimiento de Jesús y la posibilidad de escaparse de aquél, usando la fuerza de la espada como proponía Simón Pedro, pero Jesús no lo permite (Juan 18, 1-11).
La tercera tentación ocurre cuando Jesús es llevado por segunda vez donde Pilato, quien lo interroga, pero no recibe respuesta alguna de Jesús, a lo cual Pilato replica diciendo: ¿No me quieres hablar a mí? ¿No sabes que tengo poder tanto para dejarte libre como para crucificarte?
(Esta es en mi opinión una clara tentación: puedes insistir en tu inocencia y yo podré concederte tu libertad. Sin embargo, el texto bíblico que sigue este pasaje parecería desmentir mi observación, pues los judíos habían advertido a Pilato que quien no condenara a Jesús, estaría en contra del César, representado en ese momento por Tiberio, a quien Pilato le debía su nombramiento. Esto no deja sin embargo, que aquello sea una tentación, pues al momento en que se la vive, el estado de ansiedad puede hacer que sólo se viva el momento) (Juan 19, 9-13).
La cuarta tentación ocurre en la cruz, cuando de Él se burlan los jefes y los soldados diciéndole: Salvaba a otros, pues se salvará a sí mismo. Que ese Mesías, ese rey de Israel, baje ahora de la cruz: cuando lo veamos, creeremos; o cuando el crucificado de su lado, le reclama diciendo: ¿No eres tú el Mesías? ¡Sálvate a ti mismo y también a nosotros! (Marcos 15, 29-32; Lucas 23, 35-43).
La quinta tentación ocurre justo antes de su muerte, en que Jesús exclama la oración más dolorosa de los Evangelios: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? (Marcos 15, 33-34; Mateo 27, 46), que en otros Evangelios se presenta de forma distinta: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu (Lucas 23, 46); Todo está cumplido (Juan 19, 30). Tomadas ambas versiones en su conjunto se puede ver de un lado el sufrimiento humano de Jesús y de otro, el vencimiento del deseo de cambiar el dolor por una aceptación del plan de Dios.
(Es posible que el lector identifique algunas tentaciones más, o quizá que difiera en cuanto a las aquí seleccionadas. Respecto de esto último, debo advertir mi limitación de estar viendo la vida de Jesús, desde mi perspectiva humana y personal, que a lo mejor es la incorrecta).
Habíamos visto ya antes, un ejemplo que diferencia a Jesús de los hombres: el poder, la ambición y el reconocimiento público no interesan a Jesús, pero sí a los hombres. Ahora con los pasajes del Antiguo Testamento que siguen, notaremos que entre Él y los hombres hay un abismo de distancia. El primer ejemplo está en el Génesis 3, cuando Eva y Adán son tentados en el paraíso, nótese no sólo el lugar en donde somos tentados muchas veces los hombres (cuando todo va de maravilla en nuestras vidas, estamos como en el paraíso, pero queremos más), frente a los lugares y condiciones en que fue tentado Jesús (en el desierto, en su Pasión). El segundo ejemplo, lo podemos ver en el Éxodo 16, 2; 17, 1; 32, en el exilio del pueblo judío. Yavé los pone a prueba, pero ellos caen una y otra vez, sin nunca darse cuenta de los pecados que cometen. Es un pueblo que pone a prueba a Yavé y que duda de Él cada vez que las cosas no van bien.
¡Cuántas veces los hombres de hoy no nos comportamos igual que el pueblo judío en el exilio! ¿Acaso no nos preguntamos muchas veces porqué esta desgracia o mala suerte cae sobre nosotros? ¿Cuántos de nosotros no han incluso dejado de creer luego de haber sufrido una pérdida considerable en su vida? Nos parecemos mucho a ese pueblo ciego, que cae, pero podemos diferenciarnos de él, levantando de vuelta nuestro corazón a Dios y para ello, Jesús puede ser nuestra inspiración.
Podemos comenzar con el tradicional pasaje de las tentaciones en el desierto, en donde se resalta su condición humana, cuando luego de pasar 40 días sin comer ni beber, sintió hambre. En este pasaje se pueden identificar dos tipos de tentaciones (posiblemente esta clasificación sea algo superficial, sólo proviene de reflexiones personales): primero, las que se presentan cuando todo está bien en tu vida, por así decir, la caída en la tentación sólo mejoraría mi condición actual, que es además buena; y, la segunda, las que se presentan cuando la situación que se vive es difícil, de modo que la caída en la tentación aliviaría directamente mi sufrimiento actual. La primera tentación que Jesús experimente es de este segundo tipo, pues al convertirse las piedras en pan, su hambre se saciaría. Las dos tentaciones siguientes, sólo mejorarían la situación actual de Jesús, darían testimonio de que Él es el Hijo de Dios y le darían poder en la tierra. Del texto bíblico de Mateo 4 y Lucas 4 se deja entrever que éstas no representaban verdaderamente tentaciones para Jesús, la ambición o el poder no estaban en lo absoluto en su plan de vida. Aquí la primera diferencia entre Jesús y los hombres.
Luego más adelante en los Evangelios, se puede ver que Jesús vuelve a ser tentado, pero no se deja caer en ninguna de ellas. Del primer tipo de tentación, es decir, de aquellas que sólo podrían mejorar la condición actual que de por sí es buena, se puede resaltar: cuando sus opositores le piden milagros para creer en Él (Mateo 12, 38); cuando Jesús huye al monte para evitar que lo proclamen rey (Juan 6, 15); cuando sus hermanos le insisten en que dé a conocer las maravillas que hace (Juan 7, 3); cuando los discípulos le piden que se cuide de la Pasión (Mateo 16, 22 y Marcos 8, 33). Nuevamente, del texto bíblico es posible inferir que éstas no representaban verdaderas tentaciones para Jesús, al contrario producen en Él un rechazo inmediato. Para Jesús, el reconocimiento público y la admiración sin fe no le interesaban.
A partir de la Pasión de Jesús se puede identificar el segundo tipo de tentación, aquellas que pueden aliviar la situación de sufrimiento que experimenta Jesús. En ellas se revela de un lado, su condición humana y de otro, su santidad. Jesús siente hambre, tristeza, dolor, miedo, pero ninguno de estos estados lo conduce a caer en la tentación.
Su primera tentación, es la agonía en Getsemaní en donde Jesús se llena de temor y angustia, siente además tristeza de la muerte, pero logra vencer estos estados pronunciando una hermosa oración: Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya (Marcos 14, 32-36; Lucas 22, 39-44).
La segunda tentación ocurre inmediatamente después de su agonía en Getsemaní, cuando concurre Judas y la gente con espadas y palos a tomarlo prisionero y Simón Pedro lo defiende hiriendo a uno de esos hombres con una espada, pero Jesús rechaza esta reacción. Si vemos esta escena y la anterior en su conjunto podemos ver el sufrimiento de Jesús y la posibilidad de escaparse de aquél, usando la fuerza de la espada como proponía Simón Pedro, pero Jesús no lo permite (Juan 18, 1-11).
La tercera tentación ocurre cuando Jesús es llevado por segunda vez donde Pilato, quien lo interroga, pero no recibe respuesta alguna de Jesús, a lo cual Pilato replica diciendo: ¿No me quieres hablar a mí? ¿No sabes que tengo poder tanto para dejarte libre como para crucificarte?
(Esta es en mi opinión una clara tentación: puedes insistir en tu inocencia y yo podré concederte tu libertad. Sin embargo, el texto bíblico que sigue este pasaje parecería desmentir mi observación, pues los judíos habían advertido a Pilato que quien no condenara a Jesús, estaría en contra del César, representado en ese momento por Tiberio, a quien Pilato le debía su nombramiento. Esto no deja sin embargo, que aquello sea una tentación, pues al momento en que se la vive, el estado de ansiedad puede hacer que sólo se viva el momento) (Juan 19, 9-13).
La cuarta tentación ocurre en la cruz, cuando de Él se burlan los jefes y los soldados diciéndole: Salvaba a otros, pues se salvará a sí mismo. Que ese Mesías, ese rey de Israel, baje ahora de la cruz: cuando lo veamos, creeremos; o cuando el crucificado de su lado, le reclama diciendo: ¿No eres tú el Mesías? ¡Sálvate a ti mismo y también a nosotros! (Marcos 15, 29-32; Lucas 23, 35-43).
La quinta tentación ocurre justo antes de su muerte, en que Jesús exclama la oración más dolorosa de los Evangelios: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? (Marcos 15, 33-34; Mateo 27, 46), que en otros Evangelios se presenta de forma distinta: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu (Lucas 23, 46); Todo está cumplido (Juan 19, 30). Tomadas ambas versiones en su conjunto se puede ver de un lado el sufrimiento humano de Jesús y de otro, el vencimiento del deseo de cambiar el dolor por una aceptación del plan de Dios.
(Es posible que el lector identifique algunas tentaciones más, o quizá que difiera en cuanto a las aquí seleccionadas. Respecto de esto último, debo advertir mi limitación de estar viendo la vida de Jesús, desde mi perspectiva humana y personal, que a lo mejor es la incorrecta).
Habíamos visto ya antes, un ejemplo que diferencia a Jesús de los hombres: el poder, la ambición y el reconocimiento público no interesan a Jesús, pero sí a los hombres. Ahora con los pasajes del Antiguo Testamento que siguen, notaremos que entre Él y los hombres hay un abismo de distancia. El primer ejemplo está en el Génesis 3, cuando Eva y Adán son tentados en el paraíso, nótese no sólo el lugar en donde somos tentados muchas veces los hombres (cuando todo va de maravilla en nuestras vidas, estamos como en el paraíso, pero queremos más), frente a los lugares y condiciones en que fue tentado Jesús (en el desierto, en su Pasión). El segundo ejemplo, lo podemos ver en el Éxodo 16, 2; 17, 1; 32, en el exilio del pueblo judío. Yavé los pone a prueba, pero ellos caen una y otra vez, sin nunca darse cuenta de los pecados que cometen. Es un pueblo que pone a prueba a Yavé y que duda de Él cada vez que las cosas no van bien.
¡Cuántas veces los hombres de hoy no nos comportamos igual que el pueblo judío en el exilio! ¿Acaso no nos preguntamos muchas veces porqué esta desgracia o mala suerte cae sobre nosotros? ¿Cuántos de nosotros no han incluso dejado de creer luego de haber sufrido una pérdida considerable en su vida? Nos parecemos mucho a ese pueblo ciego, que cae, pero podemos diferenciarnos de él, levantando de vuelta nuestro corazón a Dios y para ello, Jesús puede ser nuestra inspiración.
En los detalles
Una hermosa serie de dos películas nos relatan la vida de los humanos desde la perspectiva de los ángeles. Estas dos películas llevan nombres distintos, pero tratan una historia continuada. La primera se llama, Wings of Desire y la segunda, Faraway, so close. La primera realizada a fines de la década de los 80 y la segunda, a inicios de los 90. Ambos ganaron unos cuantos premios importantes.
Las películas discurren con algo de lentitud, especialmente la primera, en donde además la mayor parte de las escenas transcurren en blanco y negro, aunque luego se comprende la ausencia de color. Vale la pena verlas incluso más de una vez. Los diálogos y las reflexiones son muy profundas. Aquí les dejo parte del primero de los diálogos entre los ángeles que protagonizan ambas películas, mientras el uno le conversa al otro acerca de sus percepciones sobre la vida humana.
Scene: Craving weight and pain
It’s great to live by the spirit, to testify day by day… for eternity, only what’s spiritual in people’s minds. But sometimes I’m fed up with my spiritual existence.
Instead of forever hovering above… I’d like to feel a weight grow in me… to end the infinity and to tie me to earth.
I’d like, at each step, each gust of wind, to be able to say “now”. Now and now. And no longer “forever” and “for eternity”. To sit at the empty place at a card table and be greeted, even by a nod.
(…)
But it would be rather nice coming home after a long day to feed the cat, like Philip Marlowe… to have fever and blackened fingers from the newspaper; to be excited not only by the mind, but, at last, by a meal, by the line of a neck, by an ear. To lie, through one’s teeth. As you’re walking to feel your bones moving along. At last to guess, instead of always knowing. To be able to say “ah” and “oh” and “hey”, instead of “yea” and “amen”.
(…)
Or at last to feel how it is to take off shoes under a table, to wriggle your toes barefoot, like that.
Lo que me gusta de este monólogo es la capacidad del ángel de admirar las pequeñas cosas de la vida humana, sobre todo aquellas que a nosotros nos causan en ocasiones molestia, como los días largos, la fiebre, la temporalidad, la incertidumbre… Esto sin embargo, como se ve en la segunda película no se opone, desde la perspectiva misma de los ángeles, a comprender y a aceptar la debilidad humana, su vulnerabilidad, la pérdida del sentido de la vida, la búsqueda a veces infructuosa de una identidad propia, la tentación por el poder y el dinero. Este corto diálogo nos invita a reflexionar sobre la belleza de los detalles de la vida, que apenas valoramos y que damos muchas veces por eternos.
Las películas discurren con algo de lentitud, especialmente la primera, en donde además la mayor parte de las escenas transcurren en blanco y negro, aunque luego se comprende la ausencia de color. Vale la pena verlas incluso más de una vez. Los diálogos y las reflexiones son muy profundas. Aquí les dejo parte del primero de los diálogos entre los ángeles que protagonizan ambas películas, mientras el uno le conversa al otro acerca de sus percepciones sobre la vida humana.
Scene: Craving weight and pain
It’s great to live by the spirit, to testify day by day… for eternity, only what’s spiritual in people’s minds. But sometimes I’m fed up with my spiritual existence.
Instead of forever hovering above… I’d like to feel a weight grow in me… to end the infinity and to tie me to earth.
I’d like, at each step, each gust of wind, to be able to say “now”. Now and now. And no longer “forever” and “for eternity”. To sit at the empty place at a card table and be greeted, even by a nod.
(…)
But it would be rather nice coming home after a long day to feed the cat, like Philip Marlowe… to have fever and blackened fingers from the newspaper; to be excited not only by the mind, but, at last, by a meal, by the line of a neck, by an ear. To lie, through one’s teeth. As you’re walking to feel your bones moving along. At last to guess, instead of always knowing. To be able to say “ah” and “oh” and “hey”, instead of “yea” and “amen”.
(…)
Or at last to feel how it is to take off shoes under a table, to wriggle your toes barefoot, like that.
Lo que me gusta de este monólogo es la capacidad del ángel de admirar las pequeñas cosas de la vida humana, sobre todo aquellas que a nosotros nos causan en ocasiones molestia, como los días largos, la fiebre, la temporalidad, la incertidumbre… Esto sin embargo, como se ve en la segunda película no se opone, desde la perspectiva misma de los ángeles, a comprender y a aceptar la debilidad humana, su vulnerabilidad, la pérdida del sentido de la vida, la búsqueda a veces infructuosa de una identidad propia, la tentación por el poder y el dinero. Este corto diálogo nos invita a reflexionar sobre la belleza de los detalles de la vida, que apenas valoramos y que damos muchas veces por eternos.
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